¿Por qué viajas? ¿No te da miedo? ¿De qué vas a vivir? .... y así podría seguir con las miles de preguntas que me hacen las personas cuando les cuento que suelo viajar. Sinceramente viajo porque me gusta, porque siento que soy capaz de valerme y retarme a mí misma en cada situación que me toca afrontar.
Viajar no
sólo es irte y ya, viajar es aprender a expandir tu mente a nuevas ideas,
aceptar nuevas formas de vida. Viajar es aprender a compartir eso poquito
que tienes con las demás personas sin importar su raza, opción
sexual, color, país, ideologías, etc. Es saber que todo no es tan bonito como
te dicen ni tan feo como te hacen creer, entiendes que las cosas son como
tú las quieras ver, que tienen el sentido que quieres darle. Desde mi punto de
vista no creo en el destino, sólo creo que cada persona forja el suyo con las
acciones que hace y con las actitudes que toma hacia la vida.
Al
emprender mi viaje también sentí que las personas de vez en cuando necesitamos
hacer algo fuera de lo no normal, a salir de nuestra zona de confort,
arriesgarnos a vivir experiencias nuevas. Creo desde mi punto de vista que
esto de una u otra manera nos ayuda a relajarnos, a cambiar de ideas, a estar
un poco más receptivos hacia las situaciones diarias y a no tener tanta carga
de energía negativa. Cuando viajamos ya sea solos o acompañados vemos las
diferentes realidades de las distintas ciudades a las que vamos, lo cual sirve
para saber que todas las personas tienen problemas, que no todo es lo que
parece, pero que gracias a las ganas que tenemos de salir adelante
seguimos luchando contra todo, y dando lo mejor de nosotros.
A medida
que uno va viajando va haciendo muchos amigos, conociendo personas de
diferentes culturas, de diferentes países, cada una muy distinta a la otra,
pero que en el fondo todos tenemos algo en común y sé que es esa atracción por
la aventura, por lo desconocido. Después de todos no somos del todo
desconocidos, somos desconocidos físicamente quizás, pero espiritualmente nos
conocemos mucho más de lo que creemos. Es por eso que a veces pienso que
realmente no le tememos a viajar o ir a lugares desconocidos, sino
que le tememos a las diferentes formas de pensar y de vivir de los demás que
nos rodean, tenemos miedo de dejar esa rica camita acolchonadita, ese cuartito
calientito, los abrazos y los te quiero de mamá o de papá, las salidas con los
amigos, y es por todo esto que no nos atrevemos a viajar, porque no queremos
dejar esa zona de comfort que nos hace sentirnos tan seguros, y que al momento
de viajar y no tener nada de ello nos hace creer que somos más vulnerables a
los malos acontecimientos, lo cual no es así, pero es un pensamiento que
deberíamos esforzarnos en cambiar.

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